No news is bad news? (11 de diciembre)

Miquel Ortega Cerdà. Observatorio de la deuda en la Globalización[1].

Si ayer comentábamos la filtración del documento informal escrito por Dinamarca y explicábamos que quizás no sería la última vez que veríamos utilizar filtraciones, de nuevo hemos tenido que esperar poco para ver que ante el lento ritmo formal de las negociaciones lo que sigue avanzando sin pausa es el juego subterráneo y las negociaciones informales.

Hoy se ha filtrado a través del periódico Le Monde otro documento fuera de la negociación formal. Esta vez se trata de un documento realizado por China, India, Suráfrica y Brasil que de nuevo ha ocupado buena parte de los comentarios en los pasillos. Como era de esperar el borrador era mucho más exigente con los países desarrollados que el filtrado ayer: requería de los países desarrollados una reducción de un 40% en sus emisiones respecto al año 1990 en el 2020 a realizar principalmente en sus propios países y no mediante sistemas de compensación, establecía un acuerdo legalmente vinculante, mantenía en vigor el Protocolo de Kyoto, y proponía la creación de un fondo único en el marco de Naciones Unidas para la gestión de todos los recursos de financiación. Es decir una réplica en toda regla al documento danés que muestra la disparidad de opiniones en la mesa de negociación.

Las negociaciones formales por su parte apenas ofrecen noticias significativas. Paulatinamente están perdiendo ritmo, y en cada vez más ocasiones no se llega ni tan sólo a discutir las temáticas de fondo. Los negociadores utilizan las cuestiones formales (unas veces los países de AOSIS, y muy especialmente Tuvalu, otras veces los países industrializados) para mostrar políticamente su posición. Los países más pequeños e insulares tratan de mostrar su voluntad clara de ser decisivos y no meras comparsas a través de acciones de bloqueo. La estructura establecida en las negociaciones, en las que para poder crear, por ejemplo, grupos de trabajo que realicen borradores se requiere el consenso de todos los países, facilita este tipo de actuación, y los negociadores no dudan en usar la estrategia formal para bloquear temporalmente la negociación de fondo. Estas estrategias están poniendo a prueba la capacidad del secretariado que trata de sortear el bloqueo a través de un mecanismo de negociación que sólo depende de él llamado “consultas informales”.

La parálisis formal no implica que será imposible llegar a un acuerdo. Las negociaciones continúan a través de las anteriormente citadas consultas informales y todo el mundo comienza a ser consciente que será difícil avanzar significativamente en público hasta el momento que lleguen los ministros responsables de cambio climático a inicios de la próxima semana. A mitad de semana quienes comenzarán a llegar serán los presidentes y los primeros ministros, y para entonces la negociación debe haber avanzado significativamente. Cada vez el número de primeros ministros y presidentes aumenta – ya han confirmado su asistencia 110 – y eso es en principio una buena señal. Cuanto más primeros ministros vengan más verosímil es pensar que el resultado no puede ser otro que la firma de un acuerdo… falta ver las características finales del mismo, el demonio está en los detalles.

En los pasillos se comenta también que a través de las negociaciones informales impulsadas por el secretariado se está avanzando en algunos textos de la Acción Común a Largo Plazo (LCA), en la que participan todos los países incluido EEUU. En las negociaciones respecto al Protocolo de Kioto por el contrario aparentemente no hay ningún avance ni de tipo informal.

Si se cumple la agenda del secretariado mañana deberían aflorar los trabajos informales realizados hasta el momento en el ámbito de la Acción Común a Largo Plazo y se deberían discutir borradores en varias de las temáticas importantes (capacitación, desarrollo y transferencia tecnológica, adaptación, visión compartida) en las que el avance parece más significativo. Mañana, por tanto, será posible ver hasta qué punto ha sido posible redactar borradores a través de consultas informales en estos aspectos.

Mañana también es posible que tengamos noticias significativas desde la Unión Europea. Está planificada una reunión del Consejo de Ministros de Medio Ambiente de la Unión Europea y en ella tal vez se tome alguna medida o declaración para tratar de reactivar las negociaciones del Protocolo de Kioto, que son las que sufren un mayor retraso.  Tendremos que estar atentos a las novedades.

Finalmente para ilustrar que aún queda bastante camino por recorrer señalar que Belize ha puesto sobre la mesa su propuesta sobre la financiación a corto plazo. La financiación a corto plazo es la financiación de los países desarrollados a los países en desarrollo que se quiere poner en marcha de manera inmediata y se debe utilizar antes del 2012, básicamente para elaborar la contabilidad de las emisiones de gases de efecto invernadero. Belize considera que para el conjunto de los países en desarrollo se requieren 20.000 millones de dólares anuales, pero esta cantidad está muy lejos de los 5.000 – 7.000 millones anuales para el periodo 2010-2012 que se consideraban como punto de partida por parte de la Unión Europea. La disparidad simplemente muestra cuánto camino hay por realizar en el ámbito de financiación a corto plazo, pero es que el camino es aún mucho mayor en el ámbito de la financiación a largo plazo, donde está todo por decidir. Por si acaso la Unión Europea no ha tardado en señalar que considera excesiva esta demanda de recursos argumentando que tamaño flujo de dinero simplemente sería imposible de gestionar tan a corto plazo.

Otro ámbito donde las situaciones parecen muy encontradas, y que está recogiendo mucha menos atención por los medios de comunicación pese a su importancia, es la metodología de la contabilidad de los gases de efecto invernadero. Por ahora los países en desarrollo no seguían una metodología unificada para la contabilización de sus inventarios, estableciéndose metodologías propias en cada uno de los países. La situación no obstante parece ser que debería cambiar especialmente si se vincula la financiación internacional a la reducción de las emisiones de los países en desarrollo. Para que sea comparable el resultado de los diferentes países se requiere una contabilización común que debería seguir los estándares de las Naciones Unidas que ya siguen los países más industrializados. Esta estandarización no es aceptada por países como China que se niegan a que sean las Naciones Unidas quienes marquen cómo evaluar las emisiones actuales y muy especialmente las emisiones futuras … Entre los factores que se deberían evaluar se encontraría el potencial de crecimiento y las posibles características futuras del sistema energético chino, entre otros. Pero éstos no son aspectos en los que China piense ceder en su metodología de cálculo. Así que incluso en estos temas poco publicitados pero muy importantes se requiere un trabajo serio en los próximos días. Por ahora no hay noticias satisfactorias al respecto. Contra lo que dice el refrán en este caso… no news is bad news.


[1] Más información en www.odg.cat. Correo de contacto: miquel.ortega@odg.cat

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