Camino a un acuerdo (18 de diciembre)

Miquel Ortega Cerdà. Observatorio de la deuda en la Globalización[1].

La negociación continúa en Copenhague y pese a los inevitables momentos tensos y las situaciones confusas el proceso de negociación parece bien encaminado. Se está avanzando en algunos temas significativos y si bien queda aún mucho por recorrer, y a nadie le interesa dar por seguro un acuerdo, parece que se dan las condiciones para que los primeros ministros y presidentes mañana puedan, tras arduas negociaciones de última hora firmar uno o dos documentos. El éxito o fracaso de Copenhague no se deberá evaluar por la existencia o no de un acuerdo sinó por las características del mismo.

Principales novedades en la negociación

La primera novedad del día fue el acuerdo en el proceso de negociación. La presidenta anunció que renunciaba al texto presentado ayer a primera hora (como mínimo formalmente), y hoy la negociación se basaría en los dos textos sobre los que se ha estado trabajando. Para ello se crearon dos grupos de trabajo, uno destinado al protocolo de Kioto – que sería el primero en iniciarse – y otro destinado al acuerdo de largo plazo. Una vez creados los grupos de trabajo se establecerían comités de redacción que conforme fueran avanzando el trabajo (a través de una selección de países) irían informando a los grupos de trabajo respectivos. Estos a su vez informarían de los resultados al plenario al final de la jornada. Ambos grupos de trabajo serían presididos por la ministra danesa Connie Hedegaard, que ayer fue substituida como presidenta de la reunión por el presidente danés Lars Løkke Rasmussen. La propuesta de procedimiento fue aceptada por Sudán en nombre del G-77 y los demás países, con lo que durante todo el día se ha podido negociar.

Por otra parte al parecer cada vez se está más cerca de un acuerdo global sobre financiación. EEUU ha aceptado la propuesta Europea de conseguir 10.000 millones anuales en el periodo 2010-2012 para financiar la mitigación y adaptación de los países en desarrollo, así como 100.000 millones anuales en el año 2020. Estas cantidades también parecen aceptables por parte de los países africanos (pese a que éstos formalmente continúan solicitando más recursos) y Japón. Naturalmente continúan abiertos muchos flancos en el tema de la financiación: ¿qué parte serán recursos públicos, recursos privados, y asociados a los mercados de carbono o posibles tasas sobre el transporte de mercancías y avión? ¿Quién gestionará los recursos, naciones unidas u Banco Mundial u otros Bancos Regionales? ¿Cómo se distribuirán los recursos entre los países receptores? ¿Recibirá algo China, a lo que se opone frontalmente EEUU?. No obstante si se acuerdan las cantidades globales y la contribución de cada país, y alguno de estos aspectos anteriormente se solventan como mínimo parcialmente, otros pueden quedar pendientes de redacción para reuniones posteriores. Aunque sean temas difíciles no parecen imposibles de resolver.

En los ámbitos de la transferencia tecnológica, capacitación y adaptación los negociadores insisten en que el acuerdo es también posible y aunque hay elementos de diferencia no parecen insalvables.

Por tanto en la perspectiva temática la mitigación sigue siendo el aspecto más conflictivo. La dificultad está en el establecimiento de los objetivos agregados de reducción en el año 2020, en los objetivos de reducción de obligado cumplimiento en los países más industrializados y en qué tipo de medidas y compromisos de reducciones adoptan los países en desarrollo y qué características de transparencia y financiación tienen. No se ha facilitado información de adelantos en esta temática, pero parece claro que cuanto más alto sean los niveles de reducción comprometidos en los países desarrollados más mecanismos de compensación en los países en desarrollo se tratarán de incorporar, y mayor será la importancia incorporada en el acuerdo para la contabilización de los usos de la tierra y los cambios de uso de los suelos y el bosque (LULUF), así como las temáticas relacionadas específicamente con el ámbito forestal REDD+.

Un segundo aspecto mayor de discusión es la estructura de los acuerdos: ¿un único acuerdo vinculante? ¿dos acuerdos vinculantes? ¿un acuerdo vinculante y una declaración política? ¿dos declaraciones políticas? ¿una declaración política? En estos momentos todas las opciones parecen abiertas si bien las opciones aparentemente más viables sería un único acuerdo político con un compromiso de firma vinculante en un periodo determinado, o dos acuerdos uno de ellos de obligado cumplimiento (la prolongación del protocolo de Kioto) y un acuerdo político en el marco de una acción conjunta a largo plazo.

Queda por tanto un largo trabajo para esta noche y mañana pero se están dando algunos pasos significativos hacia algún tipo de acuerdo.

Otros aspectos

Por otra parte continuaron las declaraciones formales de los primeros ministros y presidentes a través de discursos de tres minutos. No tienen gran peso en la negociación, pero constituyen formas de que cada presidente o primer ministro ganen logren algunos minutos de televisión. Como nos comentó una de las numerosas personas que está siguiendo el día a día de la cumbre: “Uno no puede dejar de preguntarse para qué es necesario que se reúnan los presidentes si resulta que cada país lo hace tan bien”. Si se quieren obtener resultados mañana será necesario un poco más de modestia y esfuerzo.


[1] Más información en www.odg.cat. Correo de contacto: miquel.ortega@odg.cat

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