Llueve sobre mojado

Créditos y políticas neoliberales para hacer frente a las inundaciones en Pakistán

Iolanda Fresnillo/ ODG

Artículo publicado en el semanario La Directa, 15 de septiembre de 2010

Pakistan floods“En estos momentos el Estado de Pakistán no es capaz de hacer frente a las necesidades básicas de más de 20 millones de personas. Todavía menos puede hacer frente al pago de la deuda” afirma Abdul Khaliq, portavoz en Pakistán de la red internacional Comité por la Anulación de la Deuda del Tercero Mundo (CADTM). Tras las devastadoras inundaciones que el país sufre desde hace 8 semanas, Khaliq se ha unido a las múltiples voces que piden, no sólo más ayuda para Pakistán, sino la cancelación de su deuda externa.

Antes de las inundaciones la deuda externa de Pakistán era de 54 mil millones de dólares y el Gobierno dedicaba a pagar la deuda el triple de recursos de lo que destinaba a salud. Una deuda que se ha ido acumulando de forma paralela a la sucesión de gobiernos no democráticos, mantenidos en el poder en parte gracias a los créditos de gobiernos e instituciones financieras internacionales. Según el CADTM, el 80% de la deuda de Pakistán es deuda odiosa, es decir, una deuda acumulada por regímenes no democráticos, que no ha beneficiado a la población, con el conocimiento y consentimiento de los acreedores.

¿De dónde sale la deuda odiosa de Pakistán?

Entre 1978 y 1988 el General Zia-ul-Haq gobernó Pakistán bajo una dictadura militar, jugando un papel clave en el conflicto afgano-soviético. El General Zia apoyó financiera y militarmente a los afganos, gracias al apoyo político y financiero de los Estados. Durante la dictadura de Zia, el Banco Mundial otorgó hasta 79 créditos a Pakistán, por un valor de cerca de 4 mil millones de dólares. Según Mana Diaz, del diario paquistaní Daily Times, “la gente de Pakistán no se benefició de los créditos extranjeros otorgados al General Zia por los países occidentales. Estos créditos fueron destinados, en contra de los deseos del pueblo, a la Jihad afgana y beneficiaron a un segmento muy específico de la población. Los principales beneficiarios de los créditos fueron generales corruptos, los nietos de los cuales son ahora millonarios”.

Tras una década de democracia, el General Musharraf asumió el poder al 1999 con un nuevo golpe de estado. Musharraf fue también un importante aliado de Estados Unidos, especialmente tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Pakistán consiguió en diciembre de 2001 un acuerdo con sus acreedores para recalendarizar los pagos de la deuda, a cambio del apoyo a la “guerra contra el terror” y el uso de su espacio aéreo para la invasión del vecino Afganistán. Buena parte de la deuda quedó pendiente hasta el año 2015, cuando Pakistán deberá retomar los pagos y el endeudamiento puede llegar a superar los 70 mil millones de dólares.

Pero la deuda siguió creciendo bajo el régimen militar de Musharraf, pasando de 32 mil millones en 2001 a 49 mil millones en 2008. Además, a pesar de situación de sobre-endeudamiento en que Musharraf dejó el país, el gobierno del actual Primer Ministro, Asif Ali Zardari, contrató un nuevo crédito de 7.600 millones de dólares con el FMI. Cómo es habitual, el crédito del FMI llegó condicionado a la adopción de medidas de ajuste. En el caso de Pakistán el ajuste incluye la reducción del déficit público, la eliminación de los subsidios a los carburantes y la electricidad, la retirada de reducciones fiscales a pequeños agricultores, así como el aumento de impuestos indirectos. A través de créditos anteriores a Pakistán el Fondo había impuesto ya la privatización de las instituciones financieras y la apertura de los mercados a la inversión extranjera, medidas que han supuesto la debilitación del tejido económico local, ante la competencia de las grandes transnacionales.

El elevado presupuesto militar de Pakistán, la multiplicidad de casos de corrupción y las medidas de reducción del déficit impuestas por el FMI no han dejado margen para inversiones sociales en un país dónde el 60% de la población vive bajo el umbral de la pobreza, el 46% es analfabeta o el 38% de los niños menores de 5 años están sub-nutridos.

Llueve sobre mojado

La fuerza inusitada del monzón, a finales de julio, provocó el desbordamiento de ríos, la rotura de presas y la inundación de más de 7 millones de hectáreas de tierra cultivable. Más allá del drama humano, con más de 1.600 víctimas mortales y cerca de 20 millones de afectados, el país ha de afrontar el reto de la reconstrucción.

Las pérdidas económicas se calculan por miles de millones de dólares. Según Naciones Unidas las necesidades humanitarias en Pakistán superan de mucho las de Haití tras el terremoto. Pakistán necesita urgentemente la ayuda internacional, pero esta llega en cuentagotas, lentamente y no siempre en la forma más adecuada.

Los principales acreedores del país, el FMI, el Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo han hecho caso omiso a las demandas en favor de la cancelación de la deuda, y han anunciado la medida contraria: más endeudamiento para afrontar la reconstrucción. Así, estas instituciones han aprobado créditos de 450 millones, mil millones y dos mil millones de dólares respectivamente. Unos créditos que, con sus respectivos intereses, pasarán a engrosar el peso de la deuda de un país devastado. El FMI ha anunciado además que hará efectivo el próximo pago del programa de préstamo aprobado en 2008, de 1.700 millones de dólares, una vez Pakistán haya implementado las medidas de ajuste neoliberales acordadas con el Fondo.

La situación hace de Pakistán víctima perfecta de la “doctrina del shock”, concepto popularizado por Naomi Klein. Así, los garantes del neoliberalismo, encarnados en técnicos del FMI, aprovechan la debilidad del país por profundizar todavía más la aplicación de medidas de ajuste y allanar el terreno a un modelo de capitalismo salvaje.

Ante esta situación, los movimientos sociales y partidos políticos de izquierdas en Pakistán se han organizado alrededor de una plataforma para pedir “la suspensión unilateral de los pagos de la deuda del país en lugar de suplicar por más ayuda”. En la presentación de la campaña, el pasado 29 de agosto, Abdul Khaliq concluía que “las instituciones financieras internacionales no pueden esperar que Pakistán siga con los pagos de la deuda a expensas de su pueblo, que ya no tiene el acceso adecuado a alimentación, vivienda, hospitales y otros servicios públicos”.

Addendum – Opinión

Cuando la emergencia es diaria

Iolanda Fresnillo/ ODG – Opinión

Cuando un país como Pakistán o Haití son devastados por un desastre “natural”, la opinión pública acostumbra a apoyar al llamamiento por la cancelación de su deuda. Pero estos países viven emergencias diarias, aunque no haya inundaciones o terremotos. ¿No sería hora de poner marcha mecanismos para abordar la problemática de la deuda externa de forma definitiva? Un mecanismo que audite la ilegitimidad de las deudas a nivel internacional, de forma justa, participativa y transparente, y que suponga la cancelación de aquellas deudas ilegítimas o impagables, no es una utopía, sino una cuestión de simple voluntad política. Igual que no es utópico que, en situaciones de emergencia como la que vive Pakistán, la ayuda sea en forma de donaciones y no de nuevos créditos.

Lamentablemente sólo nos movemos por la cancelación de la deuda y por una ayuda libre de intereses cuando la madre naturaleza pone en evidencia la vulnerabilidad extrema de los países del Sur. Ya va siendo hora de que busquemos una solución definitiva al problema de la deuda externa.

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